Historia de la educación evangélica

Los inicios de la educación evangélica

Las Iglesias Evangélicas desde su instalación en la Argentina se ocuparon de la educación de sus miembros atendiendo no solo su crecimiento espiritual sino también a su formación general. La acción educativa Cristiana Evangélica tiene antecedentes más que fundados en la  historia de nuestra patria

En Argentina, los primeros gobiernos independientes se esforzaron en fomentar la educación con el fin de formar ciudadanos activos. Imbuidos del espíritu revolucionario inicial, intentaron crear un sistema de educación popular, que incluyera mujeres e indios. Se eliminaron los castigos corporales empleados por los maestros durante la época colonial e importaron nuevos modelos educativos. Con ese fin, el presidente Bernardino Rivadavia nombró en 1919 a James Diego Thompson como Director General de Escuelas.

La valija de los misioneros

Thompson fue un agente misionero evangélico que tenía algo más que Biblias en su maleta. Traía un novedoso sistema educativo conocido como “de enseñanza mutua”. Este sistema fue creado por el inglés Lancaster para educar a los niños pobres de Londres. Al no disponer de los maestros necesarios, Lancaster empleaba a los alumnos más avanzados como “monitores” para instruir a los del nivel básico. Este sistema se adaptaba muy bien a la crisis que vivieron los primeros gobiernos libres, con escasez de recursos y maestros.

El sistema lancasteriano modificó el poder monopólico que tenía el maestro antes de la emancipación. Se distribuyó y democratizó el acceso al conocimiento. La calidad educativa se mejoró al aprovechar mejor la labor de los escasos maestros. Los alumnos no estaban todos en la base sino que se movían dentro de una pirámide, de acuerdo a los avances logrados por cada uno.

Las elites liberales aceptaron a la Biblia como instrumento de educación popular, para profundizar las reformas sociales, políticas y económicas. Sin abandonar la religión católica, pretendieron neutralizar su influencia educativa, pues consideraban que transmitía valores tradicionales opuestos al cambio social y cultural promovido por los primeros gobiernos. Los inmigrantes también fueron vistos como un factor primordial de transformación. Las primeras leyes de tolerancia religiosa, tuvieron la finalidad de crear condiciones para la llegada de inmigrantes no católicos.

La inmigración

Con la llegada de inmigrantes protestantes nacieron las primeras iglesias y junto a ellas las escuelas. En 1826 se funda una escuela en la colonia escocesa de Santa Catalina, en el actual partido de Lomas de Zamora. En 1827 el pastor anglicano John Armstrong funda el Buenos Ayrean British School Society para niños de habla inglesa de ambos sexos, y organizada según el sistema lancasteriano.

Junto a las iniciativas denominacionales, surgieron instituciones educativas privadas. En 1848 Salvador Negrotto, un pedagogo español metodista y crítico del rosismo, crea su colegio. En 1860 el comerciante evangélico William Dempster Junor funda el “Colegio Inglés”

Los dirigentes argentinos promovieron la inmigración para poblar ese inmenso desierto que era el territorio nacional. Por otro lado, según explicaba Sarmiento, porque la inmigración participaría a su arribo de un conflicto racial contra la raza híbrida formada por españoles, indios y negros. La elite argentina aspiraba “fabricar” una raza nueva, los habitantes de una nación “moderna”. El modelo educativo debía integrar a los antiguos y nuevos pobladores en la “civilización”. De allí la defensa que hace Sarmiento de la “educación popular”, tarea a la que fueron convocados los educadores protestantes.

Después de 1850
Sarmiento y el modelo educativo norteamericano. Juana Manso.

La defensa de la educación popular implicaba inculcación de nuevos valores. Sarmiento admiraba el “cristianismo” del modelo educativo norteamericano que había logrado conciliar desarrollo y orden. Esos elementos favorecieron el establecimiento de importantes vínculos entre el reformador educativo y los principales dirigentes del protestantismo rioplatense.

En los inicios de la organización nacional, los maestros evangélicos contribuyeron y fueron verdaderos precursores de la educación pública, en particular en las escuelas normalistas. Entre ellos cabe destacar a la pedagoga anglicana Juana Paula Manso, quién ideó y dirigió la política educativa de Sarmiento.

Las maestras norteamericanas

Entre 1869 y 1883 fueron las maestras protestantes venidas de los Estados Unidos, quienes organizaron 18 escuelas normales. Entre ellas Sara Chamberlein de Eccleston, que había sido reclutada en su carácter de especialista de Kindergarten. En 1884 inició un curso de Profesorado en Kindergarten

Las pedagogas extranjeras solucionaron el grave problema de la capacitación de los maestros. El normalismo fue un programa de formación centralizado y nacional. Sus objetivos e influencia permiten verlo como movimiento liberal, progresista, democrático y laico. Además implicó la apertura a la promoción de la mujer con el proceso de feminización del magisterio.

De las escuelas dominicales a las escuelas diarias

Desde 1880, distintos grupos evangélicos se expandieron con la predicación en castellano. Con la incorporación de dirigentes de extracción inmigrante y nacional se multiplicaron las Escuelas Dominicales. Funcionaban en las iglesias, con niños y adultos como alumnos, dedicándose a los estudios bíblicos. La expansión de la enseñanza a través de las escuelas dominicales, no sólo favoreció la difusión del mensaje evangélico, sino que además permitió -al igual que en Inglaterra- contribuir a la promoción de la cultura popular.

Muchas escuelas dominicales se transformaban en escuelas diarias. Los hermanos libres y el metodismo comenzaron a trabajar con niños marginales en el barrio de La Boca y Barracas. El inmigrante gallego Ramón Blanco tenía para el año 1884, 200 alumnos varones y 90 mujeres. Los niños de los conventillos pudieron acceder a un curriculum completo, idéntico al que ofrecían las escuelas oficiales para los niños de clase alta. Por ese tiempo, las escuelas estatales de los barrios pobres se limitaban a enseñar a leer y escribir. Blanco creó una Escuela de Artes y Oficios, para vincular a la educación con el mundo laboral. Los niños más grandes aprendían tipografía en una imprenta de verdad, además del manejo del telégrafo. Oficios con tecnología de “punta”, por su carácter innovador. En Rosario el colegio anglicano San Bartolomé desde 1860. El Colegio Americano de Rosario, promovido por los metodistas, inició las clases en 1875 con 5 alumnas y dirigido por dos maestras norteamericanas. Orientaba sus esfuerzos a cubrir la formación elemental de niños carecien­tes.

En conclusión, los esfuerzos iniciales de la educación evangélica en Argentina se orientaron a brindar igualdad de oportunidades: por eso enfocaron su trabajo hacia los niños de los sectores populares. Pensaban que la educación era una herramienta de cambio y desarrollo social, al tiempo promovieron el desarrollo individual de los niños y jóvenes que accedían a sus instituciones.

Las Escuelas Evangélicas Argentinas de William Morris

Casi al finalizar el siglo, nace una iniciati­va que se constituirá en un modelo paradigmático: las Escuelas Evangélicas Argentinas, fundadas por el pastor anglicano William C. Morris a partir de 1898. A tono con el optimismo pedagó­gico de los principales reformistas educativos y de los maestros evangélicos, Morris entendía que las escuelas por él estable­cidas tenían por cometido crear “el pueblo, físico, moral e intelec­tualmen­te educado”

Los protestantes no pretendían competir con el Consejo Na­cional de Educación, el órgano rector de la educación estatal, sino que por el contrario ocupa­ban los espacios geográfi­cos desatendidos tejiendo una trama educa­tiva en los suburbios de la metrópoli, que despertaría la inquietud del catolicis­mo argentino.

En las Escuelas Evangélicas Argentinas, regían los programas nacionales y se usaban los textos aprobados por el Consejo Nacional de Educación. En este sentido, los contenidos pedagógicos eran similares; las distinciones aparecían en torno a la incorporación de la Biblia como fuente de valores morales, la prolífica producción historio­gráfica portado­ra de interpretación histórica alineada a la escuela liberal, la difusión de materiales educativos inéditos que promovían la capacitación del magisterio, y fundamentalmente el impulso de prácticas pedagógicas democrá­ticas y participativas.

La relevancia de las Escuelas Evangélicas Argentinas de W. Morris, radicó no sólo en la gran extensión de la red de instituciones establecidas o en la aplicación de métodos pedagógicos modernos, sino que además, las escuelas evangélicas por él diseñadas, fueron pioneras en el campo de la instrucción preescolar, la educación musical, la capaci­tación científica y la educación física, técnica e industrial.

Hacia 1910, tiempo del centenario, en cifras estimativas, 38.700 alumnos habían recibido educación, siendo provistos 32.000 de libros y útiles escolares. El dispositivo asistencial de las escuelas había sido capaz de cubrir la necesidad de ropa y calzado a 34.000 niños y la asistencia médica para 12.400 educandos.

Las Escuelas Evangélicas hoy

En el transcurso del siglo XX diferentes denominaciones evangélicas multiplicaron su accionar misionero. En su etapa inicial fueron estimuladas por los movimientos de misión británico y estadounidense. Más tarde, desarrollaron formas propias de organización, autonomía y compromiso con la sociedad. Las Escuelas Evangélicas fueron parte de ese crecimiento, en un ámbito monopolizado por el Estado y la Iglesia católica. Así nacieron el Colegio Ward de la iglesia metodista, escuelas bautistas, metodistas, de los hermanos libres, luteranas, reformadas, adventistas, entre otras.

Iniciado el siglo XXI la red de escuelas evangélicas representadas por el CECE suman casi doscientas instituciones distribuidas a lo largo de todo el país.

La década del 60 vio nacer escuelas evangélicas en ciudades, pueblos, y aún, en zonas rurales de todo el país. Aquí sobresale la acción del pastor José Bongarrá fundador del complejo educativo ECEA y los Centros comunitarios rurales evangélicos, una obra educativa en zonas geográficamente marginales.

El trabajo se desarrolla con esfuerzo y tesón, a pesar que se carece en muchos casos, de ayuda estatal o privada. Muchas de nuestras comunidades han realizado y realizan enormes esfuerzos para sostener a los docentes y mejorar los edificios donde funcionan las escuelas. Hoy vemos que la red de escuelas evangélicas se encuentra en pleno crecimiento respondiendo al compromiso social que asumieron las iglesias desde la instalación en nuestro país.

La presencia de las instituciones educativas evangélicas se da en distintas zonas geográficas respondiendo a necesidades y características de diversos sectores sociales y niveles educativos. Ofreciendo una educación integral de alto nivel académico que ayuda a estudiantes a obtener herramientas que les facilitan su incorporación en el contexto actual con sus significativos cambios. Cuidando además expresamente el desarrollo afectivo y espiritual de docentes, estudiantes y familias, que componen la comunidad local en la que se insertan.

Pero además como Instituciones Cristianas Evangélicas contamos con un mensaje que nos desafía, consuela y sostiene ante la incertidumbre. La dimensión de la FE nos ayuda a realizar el ejercicio crítico del proceso pedagógico, a la construcción y elaboración del saber. Promoviendo la integración en la diversidad, respetando distintos tiempos y modos de aprender. Promoviendo el ejercicio de la solidaridad y la justicia.

Las Escuela Evangélicas argentinas están asociadas en el Consejo de Educación Cristiano Evangélico (CECE), que promueve una educación superadora de cualquier tipo de discriminación dando un testimonio del amor de Dios y de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. Formando hombres y mujeres como ciudadanos responsables, preocupados por el bien común y que sirvan con desinterés, integridad y amor a la sociedad de hoy.